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Literatura

23 de abril: del duelo a la palabra

23 de abril: del duelo a la palabra
  • Publicadoabril 30, 2026

El reloj marcaba las 18h15 del jueves 23 de abril de 2026. Decidí lucir un vestido largo color rosa encendido y tacones blancos. Las candongas conjugaban bien con el moño alto hecho con mi cabellera negra. Siendo sincera, no me invadía el temor; más bien, la emoción de lanzar físicamente mi segundo libro. Al primero, la pandemia le robó todas estas vivencias.

En Cuenca, Ecuador, frente al río Tomebamba, justo en la calle Condamine del barrio tradicional El Vado, en la imponente Casa Patrimonial de La Lira, en su interior, en el segundo piso, estaban sentados el prologuista Joaquín Moreno y Sonia Criollo, la moderadora.

En el centro de las butacas, Antonio Bermeo, ilustrador, y mi persona en calidad de autora del libro. Mi noche soñada, trabajada a pulso, inició cuando la voz de Senia Castillo, maestra de ceremonias, dio la más cordial bienvenida al público presente.

Un trabajo de tres años -dos de escritura y uno de revisión, diseño, ilustración y diagramación en Amazon-llegaba al clímax justo en el acto del lanzamiento.

Karina López en la presentación del libro Iyali

Joaquín Moreno, ex catedrático de la Universidad del Azuay y mi profesor de Los Lunes de Literatura, inició su discurso precisando que, en el registro bibliográfico del Ecuador, solo La Emancipada y Cumandá centran a mujeres como protagonistas de los relatos. Novelas escritas por Miguel Riofrío y Juan León Mera, que datan de los años 1863 y 1879. Y ahora, Iyali, mujer de tierra y fuego, del 2025, escrita por una mujer e inspirada en la fuerza de una mujer real, que existió y que, tras su muerte, dio vida a Iyali, personaje principal de la novela.

Miguel Riofrío y Juan León Mera, grandes de la literatura, centraron su mirada en mujeres. “La primera tuvo como protagonista a Rosaura, una joven que se negaba a un matrimonio impuesto; la segunda, mucho más conocida, nos describía la historia de una joven que creían indígena, pero no lo era”, especificó Moreno.

Moreno siguió inspirado y aclaró:

“Este es el gran acierto de Iyali: hacer protagonista a una de las mujeres de nuestras tierras, de aquellas que han sido campesinas, tejedoras, madres, esposas. Esas mujeres trabajadoras que, aunque tengan sus manos ya viejas —cito—, “se resisten a dejar de ser productivas”.

Más de un lector considera que Iyali tiene un nombre poético. Pero, en palabras de Moreno, “cuya eufonía podría sugerirnos que pertenece a una persona delicada y frágil. No es así, porque Iyali es el nombre de una mujer fuerte, una mujer cañari de 75 años que nos cuenta su vida”.

De pronto, la fuerza del discurso tomó otra perspectiva: la de la ilustración. Antonio Bermeo, destacado artista de la provincia del Cañar, refirió que, desde el dibujo, se puede dar rostro a la novela: el de una abuela y una mujer joven, es decir, la misma en distintos tiempos, mirándose frente a un espejo, elemento conductor del presente hacia el pasado.

Senia, con su voz firme y profesional, continuó con el hilo del lanzamiento y, antes de darme la palabra, se tomó algunos minutos para referir:

“Karina Elizabeth López Pino es comunicadora social, atrapada por la comunicación y las letras desde temprana edad. Inició su trayectoria laboral a los 15 años, cuando tuvo la oportunidad de formar parte de Chasquikom, el primer noticiero juvenil hecho por y para jóvenes en Latinoamérica.

Apasionada por la palabra y las historias con alma, combina su labor periodística con la escritura literaria. Como aprendiz de literatura, publicó en Amazon y en la editorial CES-AL la novela Young Shu, el extraordinario perro salchicha”.

Con esa breve biografía, me invadió la alegría de entender que la madurez profesional va tomando fuerza con los años, con las experiencias, con la práctica, con los procesos y, sobre todo, con la pasión de hacer lo que se ama: escribir, comunicar.

Respiré hondo y me paré frente al atril. Allí estaba, frente a unas 50 personas. Muchas me faltaron; solo la transmisión en vivo les permitió ser parte del acto. Pretendía encontrar en la primera fila a mi esposo e hijas, pero solo la pequeña hizo las veces de camarógrafa. Mi hija mayor y mi esposo cumplían roles de protocolo y catering para los pasabocas.

Empecé. No leí el discurso preparado. Lo narré. Lo fui pronunciando frase por frase y, en cada palabra, observaba la reacción del público. Había ojitos mojados, y continué:

Antes de hablar del libro, quiero hablar de la memoria.

Porque esta historia no nació de una idea literaria: nació de una mujer.

De mi abuela, Delia Alejandrina Vásquez González.

Ella fue memoria viva.

No escribió libros, pero contó historias.

Historias dichas al calor de la cocina, entre rezos, silencios y trabajos cotidianos.

Historias que no buscaban ser recordadas, pero que se quedaron para siempre.

Iyali nace de ahí.

De escuchar.

De entender que la palabra dicha también es herencia.

¿Por qué esta historia?

Porque crecí escuchando voces que nunca ocuparon el centro.

Mujeres mayores, campesinas, migrantes, abuelas que sostuvieron familias enteras sin reconocimiento.

Iyali no es una sola mujer: son muchas.

Es dignidad, es fe, es resistencia silenciosa.

¿Por qué ahora?

Porque vivimos tiempos rápidos, donde la vejez incomoda y la memoria estorba.

Porque seguimos migrando, dejando atrás a quienes nos cuidaron.

Porque el adulto mayor deja de ser visible cuando deja de ser “productivo”.

Y eso, como sociedad, debería dolernos.

Escribí esta novela en tiempo lento.

Como se reza, se teje y se recuerda.

No fue una escritura apurada ni complaciente.

Fue un ejercicio de escucha, de respeto, de paciencia.

Hay ficción, sí, pero también hay testimonio.

Porque Iyali dice lo que muchas mujeres no pudieron decir.

Este libro es un homenaje a mi abuela, pero también a todas las abuelas y abuelos que siguen esperando una llamada, una visita, una palabra.

Si Iyali, mujer de tierra y fuego logra que alguien mire distinto a un adulto mayor, si despierta una conversación pendiente, si invita a escuchar con más cuidado, entonces esta historia habrá cumplido su propósito.

Gracias por estar aquí.

Gracias por escuchar.

Y gracias por honrar la memoria.

Al recibir cada aplauso, entendí que todos nacemos con un propósito. El mío es escribir, usar la palabra para hacer denuncia social con altura. Entonces comprendí que cada temporada es diferente: el 23 de abril de 2025 se me desgarraba el corazón al enterrar a mi abuela y, transcurrido un año, ese mismo 23 de abril lanzaba un libro para rendirle un homenaje póstumo a Delia Alejandrina Vásquez González.

Su memoria, su oralidad, sus vivencias, sus historias y su sabiduría inspiraron una novela que combina escritura periodística y literaria. Cada letra me ha ido sanando; por eso, para mí, escribir es una forma de terapia distinta, alternativa.

Esta vez, no lloré. Lo hice en la oración matutina. Pude ser profesional y hacer un lanzamiento a la altura de un selecto y exigente público cuencano.

Sonia Criollo, escritora de la Colección Árbol de Papel, tomó el control. Dirigió un conversatorio. Algunas preguntas me hizo sobre la obra, la inspiración y el proceso. Sin embargo, hubo dos que me hicieron sonreír, entre picardía e introspección:

¿A quién dedicas esta novela?

A mi madre, Susana Pino; a mis tías Yolanda y Cecilia; a mis hijas; a las mujeres de la ruralidad, a las mujeres campesinas, a las abuelas, a mis primas víctimas del fenómeno de la migración, por ser mujeres valientes y sorprendentes.

Aunque no lo dije en ese momento, también a mi padre, Humberto López, el culpable de haberme enseñado la magia de cada vocal y luego de cada palabra. No fue en la escuelita donde aprendí a leer; lo hice con él, camino a la escuela. Los letreros comerciales fueron mi pizarra.

A mi esposo, por ser incondicional y por sumarse a esta aventura, ajena a su formación e intereses. Por ser el diagramador del formato en Amazon.

¿Qué tienes de Iyali?

La fuerza, la misma que encontré luego de haber enterrado a mi abuela. El fuego de Delia e Iyali arde dentro de mí, y eso es una gran bendición, porque sé que nadie me detiene. Nadie va a frustrar mis sueños.

Abrazos, palabras y muestras de afecto se sintieron en cada mirada, en cada palmada. Una fila para felicitarme y para las respectivas fotos del recuerdo.

Luego, mi mano deslizándose por las hojas de mis libros para dedicar un mensaje. Cada dedicatoria tuvo un sentido especial para cada lector. En realidad, no solo se llevaron un libro, una historia: se llevaron consigo mi segundo hijo y parte de mi alma, porque esta novela fue escrita con alma, y eso marca su diferencia.

Quiero terminar este relato con una auto pregunta:

¿Fue fácil?

No. Nada es fácil en la vida. Todo lo bueno requiere esfuerzo, dedicación y perseverancia. Además, los planes de Dios son perfectos y llegan en su justa medida. Escribí Iyali cuando estaba desempleada y sin recursos para autofinanciar un proyecto personal, lleno de amor y respeto por la cultura. Lo financié tras haber conseguido un empleo.

Dios no quería que trabajara; me dio uno de los mejores regalos: haber podido conectarme con mi Delia Alejandrina.

Logré publicar el libro y hacer su homenaje póstumo, pese a los obstáculos que tuve que enfrentar en el camino. Hacer cultura en el país no es sencillo: hay mucha burocracia, pero también existen otras posibilidades, como el mundo Amazon. En Kindle Book podrán adquirir una novela que les robará más de una lágrima y les permitirá entender que debemos cambiar la forma de ver y tratar a un adulto mayor. 

Iyali no es solo una mujer: son muchas. Son las que callaron, resistieron y sostuvieron la vida en silencio.

Porque hay historias que no pueden quedarse en la memoria.

Hay memorias que exigen convertirse en palabra. Y cuando eso ocurre, ya no hay olvido posible.

Ustedes, ¿qué creen?

Written By
Karina López

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